Un señor vino
Robert Parker


7 mayo 2016
Por
David Padilla

Agita su copa. Huele el contenido. Da un pequeño sorbo. Repite la operación tantas veces haga falta. Al finalizar, coloca su puño sobre la barbilla antes de redactar una crítica que podría afectar, con su simple percepción, con solo una mirada, el futuro inmediato de bodegas completas.

Robert Parker es su nombre. Comenzó a publicar en 1978 The Wine Advocate y se hizo del apodo de El Emperador del Vino tras la cosecha de 1982, año en el que se popularizó su sistema de valoración basado en 100 puntos que toma en cuenta el color, la apariencia, el aroma, el paso de boca y posgusto, así como el agregado de nivel de calidad global y posible evolución futura.

Esta biblia de comercialización del vino se ha convertido tan importante para la bebida como la propia uva, al punto de que hasta las marcas más arraigadas ajustan sus sabores a su gusto para obtener mejores puntuaciones en la escala y lograr así mejorar sus números.

Aquellas botellas que bajo la mirada de Parker —y sus colaboradores en los 5 continentes— logren una escala entre 96 y 100 puntos, entran en el paraíso personal del catador y automáticamente la gloria en ventas. Por debajo de 90 se limitan a conseguir efímeros titulares y rara vez la atención del público.

Hasta 2013, la máxima puntuación para España había sido 99, un común en el ranking mundial, pero 3 vinos andaluces rompieron la racha al tocar el máximo escalafón y se han valorizado a más de 100 euros la unidad, en parte gracias a las críticas de Luis Gutiérrez, un informático de profesión que se erige como el único español del equipo de Parker.

A saber, el primero se conoce como Reliquia Barbadillo de Palo Cortado. Pertenece a la localidad de Sanlúcar de Barrameda y se le considera un vino seco y potente.

Le sigue Don PX Toro Albalá Convento Selección 1946, dulce, envejecido poco común en barricas de roble americano y muy concentrado. Finaliza en este trío ganador Moscatel Valdespino Los Toneles, vino «fresco, dulce y con edad» proveniente de Cádiz y que existe como prueba de que es posible superar hasta la mejor clasificación.

Los detractores lo han destrozado por prestar su nombre sin propiamente evaluar. Los adoradores siguen ajustándose a sus críticas. Indiferentemente, el mundo del vino se mantiene girando bajo el nombre de Robert Parker mientras agita su copa, aprecia el aroma y disfruta un sorbo de la magnífica bebida.

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