¡Tapeamos!


9 mayo 2016
Por
Alejandro Ibarra Socorro

La rutina del día a día, con sus tentáculos sigilosos y envolventes, nos atrapa y encierra en círculos viciosos y, sin ser nosotros conscientes, podría llegar a desestabilizar el equilibrio interno del que toda persona debe gozar. En la sociedad y cultura mediterráneas esta rutina se combate con la sana costumbre de tener contacto con personas de gustos afines (o no).

Entre las diferentes actividades de ocio, una de las más populares es el reencuentro en los bares de tapas y copas. Estas reuniones pueden llegar a ser significativas, aunque la mayoría de las veces desconocemos la utilidad (incluso terapéutica) que tienen.

La expresión popular «¿Nos vamos de tapas?» es el inicio de un rápido pero complejo proceso mental que, según las experiencias y emociones vividas, la mente inconsciente identificará, generalmente, como grata. Al igual que le ocurría al perro de Pavlov, que al escuchar la campana comenzaba a salivar en señal de placer, la sola mención de la expresión «ir de tapas» nos supone un estímulo, y la importancia y los beneficios terapéuticos derivados de él son incalculables, superiores a lo que podemos llegar a imaginar.

El hecho de ir de tapas supone, psicológicamente hablando, crear un espacio recreativo que fomenta la socialización y mejora las relaciones interpersonales. Esto se transformará en un desarrollo de habilidades sociales, que permitirán mayor nivel de conocimiento, identificación, empatía y pertenencia social, aumentando los niveles de seguridad en el estado de ánimo del individuo.

Si hablamos de depresión, las estadísticas nos indican que el 10 % de la población general está o llegará a estar deprimida a lo largo de su vida. 7 de cada 10 personas deprimidas encuentran un beneficio añadido, como parte de un programa de actividades placenteras, en el hecho de aumentar la socialización y disfrutar momentos con amigos o familiares como los que nos pueden ofrecer los sitios de tapas.

En nuestra cultura, irnos de tapas, o compartir tapeando no es solo una herramienta social más para lograr el tan ansiado equilibrio físico y psicológico, sino un espacio necesario y saludable para lidiar y disminuir las tristezas y desmotivaciones generados por la ansiedad.

Alejandro Ibarra Socorro es psicólogo. Contacto: www.alejandroibarra.espsicologo@alejandroibarra.es

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