España, un país para beberlo


7 mayo 2016
Por
Ana Macía Cardoso

En todas las latitudes de este país ibérico se consiguen tragos que complacen a distintos gustos. ¡Salud!

Sol y lluvia. Nieve y mar. Sangre y oro. De las tierras húmedas del norte a las colinas cálidas del sur, pasando por las estepas áridas del centro, España es tierra singular, de diversidad climática, donde por herencia propia germinan tantos vinos que ofrecen una cromática asombrosa al paladar.

Entre los límites de su geografía —del Mediterráneo al Atlántico y sus singulares islas—, el país cuenta con más de un centenar de vinos con certificados de Calidad Diferenciada, reconocimiento que otorga la Unión Europea a productos específicos relacionados con un territorio o un método de producción único.

Entre estas notables categorías encontramos la más amplia tipología de caldos, desde los tranquilos blancos, rosados y tintos que hacen navegar al paladar, hasta los generosos y espumosos que despiertan los sentidos.

Vinos españoles.

España es la sangre tinta de sus Rioja y sus Ribera del Duero de reconocimiento mundial, y que representan respectivamente la tradición hecha líquido y el motor del cambio.  La estrella indiscutible aquí es una uva española con nombre propio, Tempranillo, que protagoniza multitud de obras maestras por toda la región patria.

Caracterizada por su maduración temprana, esta uva da lugar a vinos muy afrutados, que soportan de forma excelente la crianza en roble y botella debido a su escaso nivel oxidativo.

Y donde se ensalzan los tintos, se alaban los blancos

Del afrutado y joven sabor que nos traen las Rías Baixas, al potente recuerdo a mar y barricas de los amontillados, manzanillas y finos del Marco de Jerez, las joyas indiscutibles de la corona. Como rubí panegirista de esta tiara, se alza la caoba oscura y embriagadora de un Pedro Ximénez: densa, untuosa y aterciopelada. Y no olvidemos a los espumosos catalanes, la sidra asturiana o el txakolí vasco, que añaden los tonos divertidos a nuestra mesa con el baile de sus burbujas o sus sabores frescos y naturales.

Del sudor dorado de un fino a la calidez de un tinto crianza, España son sus vinos, sus uvas y sus tierras, con forma de racimo generoso, con olor a flores y a madera antigua, su color a sangre y a albero como sus caldos; celebra su contundente éxito vinícola con copas de los más variopintos colores, pero únicas y selectas.

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