Más que un Punto de Encuentro
20 años de comida como hecha en casa


31 diciembre 2016
Por
Angelina Socorro

Un lugar perfecto para desayunar en Boquete, a 480 kilómetros al oeste de Ciudad de Panamá

Una mujer madura, atareada, pero sin desprenderse ni por un segundo de su natural sonrisa, sale de la cocina con apuro. Entrenada en el oficio, chequea cada mesa fugazmente, limpia sus manos con el delantal, nos busca con la mirada, camina hacia nosotros y sigue sonriendo: «Bienvenidos, Dios los bendiga».

No era una sonrisa de cortesía. Lo sentimos en su abrazo. Lucía agitada, y lo estaba. Era sábado a media mañana y los turistas ocupaban varias mesas. Se llama Olga Ríos y es la propietaria del lugar.

Buenos y muchos

«No, no, yo no sé cocinar», respondió Olga a la sugerencia que le hizo una buena amiga de abrir un restaurante. Ernesto Pérez Balladares gobernaba a Panamá. «Puedes ofrecer desayunos, no hay sitios buenos aquí. Cocina lo que ustedes preparan cuando los amigos venimos a tu casa», insistió en aquella oportunidad.

Punto_de_Encuentro_Cafe

Mucho más que un punto de encuentro. Foto: Betty Luis Fernández.

Olga y su esposo son padres de 4 hijas que debían empezar la universidad. Los ingresos no eran suficientes. Había que hacer algo y así, en su propia casa, nació Punto de Encuentro. Hoy, la familia suma 20 años brindando atención esmerada, afectuosa y, para muchos, los mejores desayunos de todo Boquete.

Buenos y muchos. Una cartelera gigante escrita con tizas de colores grita la oferta: el menú tiene cerca de 70 posibilidades. Sí, leyó bien, 70 opciones entre jugos, batidos, cafés y desayunos variados. Aquí come el que prefiere empezar su mañana con avena y granola, el que necesita una omelette cargada de tocineta, quesos y vegetales, o quien decide adelantar su almuerzo a las once con un bistec. ¿Yogurt? ¿Frutas? ¿Panquecas? También están en el menú.

Más que un café

A pocos metros de la calle principal aparece el discreto aviso: Punto de Encuentro Café. Tras un corto camino de grama y piedras, entramos a un espacio abierto, de aspecto rústico, sencillo, acogedor, con amplias mesas y sillas de madera, desde donde los comensales pueden ver a algún pájaro picotear la fruta que le han servido, en esta que también es su casa. En Punto de Encuentro todos son bienvenidos.

Siempre miramos a la cocina. Es punto focal de un restaurante. Por su puerta entra y sale el personal de sala, y normalmente no está a la vista. Pero esta no es una cocina cualquiera. Además, en Punto de Encuentro —la verdad sea dicha— no hay meseros. Olga, su esposo Hugo, la señora Natividad o sus hijas se encargan de llevar todo a la mesa. Es una familia atendiendo a sus invitados.

Entramos a los fogones donde Hugo prepara diversos platos con impresionante rapidez.

Foto: Betty Luis Fernández.

70 opciones integran la propuesta de desayuno de este restaurante. Foto: Betty Luis Fernández.

—¿Cuánto ha cambiado la casa desde que arrancó el negocio?

—Esta es la cocina donde todo comenzó hace 20 años; claro, hemos ido añadiendo implementos para hacer más rápido el trabajo.

Las creaciones

Hay un arte sencillo en cada plato, pero arte al fin. Cariño y ganas de hacerlo bien. Todos ordenamos omelettes, con hongos, tocineta o espinacas. Llegaron adornados con flores, perfectamente colocadas. Las porciones, más que generosas, venían acompañadas de diminutos cuadros de papas salteadas, condimentadas con diferentes especias.

De entrada probamos las tostadas y los hojaldres. Perfectas para acompañar cualquier plato. Jugo fresco y tazas gigantes de café, con posibilidad de refill no nos dejaban levantar de la mesa.

«Los primeros 5 años fueron difíciles, solo teníamos 4 mesas. No venían muchos turistas, solo llegaban mochileros», confiesa Olga. Aquella mañana, una variopinta cantidad de turistas se instaló en el restaurante, sin el menor asomo de quererse ir. Leían el periódico, disfrutaban el café y tomaban fotos en un ambiente en el que plantas y pájaros nos recuerdan que estamos a los pies del Parque Nacional Volcán Barú.

Boquete es un paraíso lleno de ingredientes naturales para cocinar, del huerto al fogón, y eso lo aprovecha muy bien Punto de Encuentro. No es cuestión de esnobismo o de sacar provecho comercial. Nada es artificial en sus comidas y los productos que cocinan son todos de la zona. No hablaremos de precios. Un factor que también lo hará quedarse, pedir otro plato y volver.

Desayunos que parecen almuerzos… sabor y cantidad en Punto de Encuentro. Foto: Betty Luis Fernández.

En Punto de Encuentro una pila de libros reposan sobre el marco de una ventana. Los clientes escogen el de su preferencia, lo ojean, lo dejan sobre la mesa y toman más café. No hay apuros. Todo invita a seguir allí, a prolongar el desayuno hasta la hora del almuerzo.

«Lo que más me gusta de mi trabajo es la gente —dice Olga— me encanta conversar con todos, aunque algunas veces no puedo porque debo cocinar. No competimos con dinero o lujos, pero sí con calidad, amor, servicio. Hacer sentir a la gente bien, darles lo mejor de nosotros».

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